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    Propuestas idóneas de estrategias regionales

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 2/2009 

    La Ayuda para el Comercio suscitó controversia desde un principio. Ahora que se enfrenta al reto adicional que supone la crisis económica, es esencial crear nuevos mecanismos progresistas.

    Desde sus inicios, la Ayuda para el Comercio avivó el debate entre las partes interesadas a un punto que sólo otros pocos acontecimientos podrían haberlo hecho. Hoy, cuatro años después que se instituyera en la Declaración Ministerial de Hong Kong en 2005, dicha ayuda sigue polarizando opiniones de líderes políticos y economistas del desarrollo de todo el mundo.

     Los países desarrollados prometieron sumas sin precedente, pero ante la desaceleración económica y el estancamiento del Programa de Doha para el Desarrollo, que parecía tan prometedor hace unos años, el panorama de la materialización a plena escala de los compromisos de Ayuda para el Comercio es sombrío.

    En el contexto actual ha de tenerse en cuenta lo aprendido y adoptar las resoluciones del caso. El cataclismo financiero del mundo industrializado se filtró rápidamente en los países en desarrollo poniendo al descubierto la fragilidad de sus recientes avances en materia de desarrollo. Urge tomar medidas concretas y discutir menos, aunque más no sea para limitar daños ulteriores. El punto principal del programa de la Ayuda para el Comercio tal vez no sea obtener recursos adicionales sino más bien esforzarse por mejorar la calidad de los recursos.

    También se deberían extraer enseñanzas de los intentos de los países desarrollados de rescatar sus propias industrias; eso no implica ofrecer paquetes de rescate financiero ni depender de la asistencia internacional para el desarrollo, sino que los gobiernos tomen nota de los beneficios que se obtienen interviniendo en mercados abiertos para frenar los efectos del crac y aliviar la tensión social. Tal vez sea preciso revisar las estrategias para impulsar las capacidades productivas. Los recursos de la Ayuda para el Comercio pueden contribuir mediante el apoyo a paquetes de estímulo para el sector privado de los países en desarrollo.

    Mejorar la calidad de la Ayuda para el Comercio



    "¿Qué habría que financiar?" "¿De qué manera habría que dar el dinero?" "¿Quién debería gestionar la transferencia?" Estas preguntas críticas se hacen en el informe sobre Ayuda para el Comercio de Joseph Stiglitz y Andrew Charlton, comisionado por la Secretaría del Commonwealth y publicado en 2006. Desde aquellos primeros días, hubo avances significativos y prosperó el planteamiento de tener en cuenta los procesos de integración regional.

    En lo que respecta al desembolso de la Ayuda para el Comercio prosiguen las deliberaciones acerca de las modalidades y quién debería ocuparse. Ahora bien, en el consenso emergente se reconoce la existencia de múltiples mecanismos y la posibilidad de que participen distintos actores. El principio clave es asegurar la eficiencia de la ayuda. De ahí que en la estrategia de la Ayuda para el Comercio de la Unión Europea se subraye la importancia de utilizar mecanismos regionales. También se insistió mucho en la participación de las partes interesadas en el diseño, la definición de prioridades y la aplicación de la Ayuda para el Comercio, llegándose a un acuerdo.

    Aun así, el estancamiento de la comunicación entre la demanda y la oferta sigue siendo un impedimento de talla para progresar. Mientras los donantes insisten en que sus asociados para el desarrollo deberían dar prioridad a sus proyectos de la Ayuda para el Comercio, los países en desarrollo sostienen que las prioridades sólo se pueden definir si los recursos son predecibles. Ambas posiciones tienen fundamentos legítimos. Por un lado, los donantes deben justificar la efectividad de su aporte al desarrollo ante sus mandantes y, por el otro, las prioridades obedecen a dictados de las realidades de la economía política. A los formuladores de políticas económicas de los países en desarrollo se les plantea constantemente el dilema de decidir entre proyectos con impactos a corto y a largo plazo. En la medida en que los recursos no son predecibles, las reformas económica y comercial seguirán quedando relegadas a la última prioridad.

    Se trata de una situación que sólo se puede resolver creando nuevos mecanismos beneficiosos para ambas partes. Centrándose en categorías de necesidades concretas en el marco de la Ayuda para el Comercio, el Mercado Común del África Oriental y Meridional (COMESA por su sigla en inglés) constituyó un fondo regional que tiene dos componentes: un mecanismo de ajuste que apoya a los Estados miembros en la aplicación de políticas regionales a escala nacional y un fondo de infraestructura que proporcionará recursos para subvenciones y facilitará la potenciación de la participación privada en proyectos de infraestructura, principalmente, a través de asociaciones público-privadas. Por conducto de estos mecanismos y en combinación con la convencional asistencia relacionada con el comercio, los recursos de la Ayuda para el Comercio podrán incidir en esferas concretas y, a la vez, permitirán que los beneficiarios planifiquen la realización con recursos predecibles.

    Mejorar las capacidades productivas de los países en desarrollo



    La mejora de las capacidades productivas es un elemento clave del programa de la Ayuda para el Comercio y depende particularmente del sector privado. No obstante, debido a su diversidad, sobre todo en los países en desarrollo, el sector privado ha participado tan sólo parcialmente en el diseño de los programas de dicha ayuda. El apoyo a la capacitación productiva también se ha dispersado debido a la intervención a varios niveles de una multitud de actores en el terreno.

    Desde la década de 1980, en el marco del desarrollo del sector privado se intentó llegar a las empresas por conducto de organizaciones intermediarias que representaran sus intereses colectivos y ampliaran su papel en cuanto asociadas del desarrollo. Esta estrategia dio bastante resultado en lo que respecta al fortalecimiento del sector privado en muchos países, pero una gran proporción de empresas, sobre todo pequeñas y medianas (PYME), aún no consiguió establecer organizaciones intermediarias que puedan desempeñar un papel significativo como asociadas del desarrollo nacional. Habida cuenta de que el empleo en las PYME representa el 70 por ciento de la fuerza de trabajo de África, el impacto global de la Ayuda para el Comercio en la reducción de la pobreza sería insignificante si se las dejara de lado.

    Los programas de la Ayuda para el Comercio han de fomentar la cooperación internacional, principalmente en lo que se refiera a la cadena de valor de la producción. Las industrias agroprocesadoras de la región del COMESA ilustran la manera en que las PYME pueden beneficiarse de esos programas. Por ejemplo, se calcula que el 60 por ciento del valor añadido de la miel de Zambia procede del envasado y la marca. Ahora bien, las empresas del sector no disponen de la tecnología apropiada para envasar el producto con arreglo a los estándares del mercado, incluidas las exigencias sanitarias. Tampoco disponen de la capacidad de etiquetar sus productos con marca propia; por ejemplo, una designación geográfica exclusiva.

    Aunque varios asociados cooperantes actúan en el terreno, es obvio que debe ampliarse el apoyo para abordar necesidades que van de tecnología a los servicios financieros, pasando por la logística. Es indispensable que los gobiernos adopten medidas proactivas para sectores clave con un alto potencial de valor añadido, elaboren paquetes completos de incentivos y fomenten la cooperación internacional.

    Aunque algunas veces, la Ayuda para el Comercio se tilda de "vino viejo en botellas nuevas", eso no quita que haya ofrecido un marco para que los donantes y sus asociados en el desarrollo diseñen estrategias conjuntas de promoción del comercio como instrumento de desarrollo y la vinculen con la ayuda. Los debates proseguirán y se buscarán nuevas mejoras, pero la Ayuda para el Comercio debe seguir adelante: después de todo, las mejores lecciones se aprenden en la práctica.

    COMESA promueve la integración económica regional a través del comercio y la inversión. La población de los 19 Estados miembros asciende a más de 389 millones, sus importaciones anuales se cifran en unos $EE.UU. 32.000 millones y sus exportaciones anuales en $EE.UU. 82.000 millones. La vocación del COMESA es ser una comunidad económica regional, plenamente integrada y competitiva en el plano internacional con altos niveles de vida para toda su gente y dispuesta a fusionarse en una comunidad económica africana.