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    Luces en la oscuridad

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 3-4/2008

    Soldadora de Condega, Nicaragua
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    © Paola Gianturco

    En comunidades de todo el mundo, mujeres enérgicas y abnegadas rompen los estereotipos de género para ganar ingresos que les permiten asegurar el sustento de sus familias.

    Según estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, las mujeres son el único sostén económico de la cuarta parte de las familias del mundo y el principal sostén de otra cuarta parte. Esas mujeres son mis heroínas.

    En los 12 últimos años, mi trabajo de fotoperiodista consistió en documentar la vida de mujeres de 40 países. Muchas de las que fotografíe subsisten con recursos inferiores a los ingresos del umbral de pobreza definido por la ONU y, pese a ello, logran alimentar y educar a sus hijos con el dinero que ganan siendo empresarias. Muchas son analfabetas y su acceso a recursos es limitado. La mayoría trabaja en agrupaciones y algunas en cooperativas. Por lo general, explotan sus microempresas sin beneficiar de microcréditos y sólo salen adelante gracias a su habilidad y determinación.

    Todas estas mujeres tienen la convicción de que la educación ofrece nuevas posibilidades a sus hijas e hijos. Pero incluso allí donde la matrícula es gratuita, el precio de los zapatos y uniformes escolares, libros, cuadernos y lápices es demasiado oneroso. No obstante, a fuerza de energía, ingenio y empeño consiguen ahorrar lo necesario para escolarizar a sus hijos. Algunas hacen verdaderos malabares para ocuparse de cuatro o cinco proyectos de generación de ingresos a la vez.



    Las experiencias de mujeres que ganan dinero para mandar a sus hijos a la escuela son múltiples y variadas.

    En todo el mundo hay artesanas que aprovechan las destrezas que les transmitieron sus madres para fabricar y vender artículos, lo que en sus culturas se consideran "trabajos de mujer": alfombras, en Marruecos y Turquía; abalorios en Sudáfrica; tejidos de telar en Guatemala; molas en Panamá; bordados en la India y Tailandia; alfarería en Nepal y tejidos de punto en Bolivia. Mientras documentaba sus experiencias, en estas mujeres encontré amigas y profesoras. Me mostraron que el mundo era más pequeño -y el espíritu de las mujeres, mucho más grande- de lo que jamás hubiera podido imaginar.

    Hoy, dondequiera que me lleve mi trabajo encuentro mujeres unidas para resolver los complejos problemas que dificultan su vida y la de sus familias. Estas mujeres de base aplican estrategias creativas y criterios empresariales que son otras tantas luces en la oscuridad.

    Mujeres de Nepal y Nicaragua sortean con valentía los escollos de género y ejercen oficios que se consideran impropios para la mujer: taxistas en Katmandú; guías de montaña en el Himalaya; soldadoras, carpinteras y electricistas en Condega. Esas ocupaciones ofrecen más oportunidades e ingresos que los tradicionales "trabajos de mujer".

    En la zona rural de Kisumu, Kenya, 43 agrupaciones de mujeres luchan contra la pobreza, la enfermedad y la malnutrición. Juntas obtuvieron créditos para costear la excavación de pozos profundos y organizaron la venta de agua (un bidón cuesta pocos céntimos). Con esos ingresos le pagan a los excavadores y compran semillas para cultivar alimentos.

    Women Who Light the Dark, mi libro más reciente, versa sobre el empeño y la experiencia de todas ellas. Dieciocho de las 23 agrupaciones mencionadas son beneficiarias del Fondo Mundial para la Mujer que percibe los derechos de autor de dicho libro. Mi decisión de crear libros con fines filantrópicos se inspiró en el ejemplo de esas mujeres heroicas, emprendedoras y modestas de países en desarrollo cuyas vidas muestran nuevas formas de constituir patrimonios económicos, sociales y artísticos.

    In Her Hands: Craftswomen Changing the World (escrito en colaboración con Toby Tuttle) y Women Who Light the Dark, publicados por PowerHouse Book.