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    Las normas mundiales: Endulzan el azúcar para los compradores

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 3/2010

    La acreditación BSI estipula que se debe proporcionar un adecuado equipo de protección personal e impartir formación en salud y seguridad a los trabajadores de la caña de azúcar.

    Con la creciente prominencia de los combustibles biológicos en el mercado global, su producción se está extendiendo en Brasil, Asia y África. Esa expansión preocupa a grupos ambientalistas, pues consideran que el impacto de la caña de azúcar -deforestación, uso masivo de fertilizantes, quema de residuos, condiciones de trabajo duras y peligrosas en plantaciones e ingenios, gran consumo de agua y amenazas a la biodiversidad- supera con creces los beneficios económicos y sociales.

    Para contribuir a una producción de azúcar sostenible, en 2005 se creó BSI, organización sin ánimo de lucro que abarca a minoristas, inversores, comerciantes, productores y organizaciones no gubernamentales. Entre sus miembros figuran empresas importantes como Shell, BP, Coca-Cola y Ferrero, y pequeños agricultores familiares que cultivan tan sólo media hectárea o un acre de tierra.

    Cuatro años de investigación y consultas públicas y sectoriales dieron lugar a las primeras normas mundiales sobre la producción de azúcar. El Estándar de producción BSI, establecido a partir del Código ISEAL de buenas prácticas, se terminó a fines de 2009 y la primera acreditación de etanol está prevista para noviembre de 2010; será el primero de los nuevos productos de caña de azúcar acreditado en todo el mundo.

    Las normas plasman en un documento los objetivos sociales, ambientales y de sostenibilidad y contienen 49 criterios mensurables que captan los principales intereses de compradores y consumidores, entre ellos, mano de obra, impactos sociales, cambio climático, contaminación y uso de la tierra con alto valor de conservación.

    Las normas BSI relativas a la producción de derivados del azúcar y la caña de azúcar están diseñadas de manera que sean accesibles a empresas de cualquier tamaño y BSI se compromete a ayudarles a obtener la acreditación. Uno de los objetivos de BSI es contener costos y ayudar a los cultivadores a ahorrar dinero usando con mayor eficiencia insumos como la energía, los fertilizantes y el agua, al tiempo que se minimizan pérdidas y residuos. Por ejemplo, el aumento de la retención de residuos de la caña de azúcar es beneficioso para el medio ambiente, pues reduce la cantidad de caña quemada. También es bueno para la ecología del suelo y un estímulo para los nutrientes de la tierra, lo que reduce el uso de fertilizantes inorgánicos, ahorrando dinero a los agricultores.

    El Estándar ofrece ventajas a compradores y vendedores; en el caso de los primeros, la acreditación BSI garantiza que los cultivadores de caña de azúcar o los productores de etanol adhieren a las mejores prácticas del mundo; en cuanto a los vendedores, puede facilitarles el acceso a nuevos mercados que en el pasado hayan cuestionado las credenciales ambientales de sus productos.

    Las normas no sólo plasman principios relativos a la minimización del daño ambiental, sino también el respeto de los derechos humanos y las normas internacionales del trabajo. Las normas BSI se agrupan en cinco principios fundamentales:

    1. obedecer a la ley,
    2. respetar los derechos humanos y las normas laborales,
    3. manejar la eficiencia de insumos, producción y procesamiento para aumentar la sostenibilidad,
    4. manejar activamente los servicios de biodiversidad y ecosistemas, y
    5. mejorar continuamente los aspectos clave de la industria.

    Además, las normas contienen un conjunto de referencias auditables que cultivadores y procesadores acreditados deben cumplir de conformidad con los criterios específicos que apuntalan dichos principios.

    Más información sobre BSI y sus normas en: www.bettersugarcane.org

    ESTUDIO DE CASO

    PROTECCIÓN DE ÁREAS DE ALTA CONSERVACIÓN

    Brasil

    Una de las críticas más acérrima de la industria de la caña de azúcar nace de la preocupación por la desaparición de la vegetación nativa. Esas críticas se centraron sobre todo en Brasil, el mayor productor mundial de caña de azúcar, que viene ampliando la producción al compás de la creciente demanda global de combustible biológico.

    El Principio 4 de BSI estipula que se ha de evitar la expansión de la caña de azúcar a zonas con alto valor de conservación y diversidad biológica crítica, principio que desde enero de 2008 protege tales áreas del despeje para cultivar caña. También prevé la protección de suelos con importantes depósitos de carbono, como turberas, manglares, humedales y ciertos pastizales.

    ESTUDIO DE CASO

    REDUCCIÓN DE INSUMOS

    India

    EID Parry, empresa de procesamiento del azúcar, es pionera en la producción y molienda de caña de azúcar en la India. Cuenta con unos 10.000 agricultores que cultivan entre una y tres hectáreas y fue una de las primeras en incorporarse a BSI.

    Esta última proporcionó a los agricultores y los trabajadores de los ingenios de esta empresa acceso a la información sobre prácticas óptimas para mejorar el estado del suelo y los recursos hídricos.

    El cultivo de caña de azúcar exige gran cantidad de agua y EID Parry creó sistemas para aprovecharla mejor, lo que le valió ser elegida 'Excelente Unidad de Uso Eficiente del Agua' y 'Estudio de Caso Innovador' en la edición 2006-2007 de los Premios Nacionales a la Excelencia y la Gestión del Agua de la India.

    La empresa también está experimentando nuevos sistemas de riego que permitirán a los cultivadores superar las normas BSI utilizando menos de 50 litros de agua por kilo de caña producido.

    ESTUDIO DE CASO

    LOS INGENIOS DE AZÚCAR SUPERAN LAS NORMAS

    Colombia

    ASOCAÑA, asociación que representa a los productores de caña de azúcar de Colombia, se incorporó a BSI en 2010 para ayudar a sus miembros a cumplir con las normas comerciales que exigen los importadores, incluida la Unión Europea.

    Un reto importante en los países en desarrollo reside en cumplir con las normas relativas al trabajo infantil y el Convenio sobre salud y seguridad en la agricultura de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La industria azucarera de Colombia decidió levantar ese reto. Trabajando a destajo ($EE.UU. 3 por tonelada de caña), un cortador de caña colombiano puede ganar entre tres y cuatro veces el salario nacional medio. Además, a cada cortador de caña se le entregan equipos de seguridad que incluyen espinilleras, botas y guantes reforzados con piezas de acero.

    En Providencia, un ingenio cercano a Cali, no sólo se cumple con las normas de la OIT, también se construyó una escuela a la que asisten 4.000 alumnos. Los costos del funcionamiento de la escuela corren por cuenta de familias de la comunidad que ganan dinero fabricando uniformes y prendas de protección para los trabajadores del ingenio y el campo. Se trata de una empresa económica estratificada que aporta importantes beneficios comunitarios.