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    El ITC y la moda africana al maximo

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 2/2009 
     

    Jóvenes masai fabrican accesorios en Nairobi. Haga clic aquí para ver los fotosFoto de Jeremy Brown 

    En la carrera de encontrar nueva inspiración y fuentes exclusivas de productos para la línea de complementos de moda ética de la próxima temporada, los diseñadores internacionales miran cada vez más hacia África, sus diseñadores y sus comunidades.

    En 2008, el ITC se puso en contacto con líderes y distribuidores de la comunidad de la moda de Italia y el Reino Unido para hacer una prueba del mercado potencial de bolsos y accesorios fabricados en África. El objetivo era establecer una conexión directa con una gran firma de moda.

    Luisa Laudi, Directora Creativa de Max&Co. (Grupo Max Mara), decidió usar algunas muestras de los materiales presentados para crear una pequeña colección de bolsos y bufandas. Unas semanas después, se recibieron de Nairobi las primeras muestras para la colección: bolsos, cinturones y brazaletes de ganchillo, tejidos con hilo de algodón.

    Se pidieron más muestras a Uganda y Kenya donde se organizaron misiones de campo para seleccionar a las comunidades de fabricación. Un equipo de moda ética promovió la creación de productos para seleccionar los grupos finales de microfabricantes. Se eligió un colectivo de 250 mujeres solteras (la mayoría seropositivas) que viven a las afueras de Dagoretti, Kenya, y a Bidii Shoemakers, un grupo de fabricantes de zapatos que opera en la economía informal y también fabrica accesorios en Korogocho, cerca de Nairobi. Asimismo, el proyecto incluyó a Hermanas Ganchillo (hermandad de un centenar de personas que ofrece trabajo a huérfanos y refugiadas de Zimbabwe), un grupo de 150 fabricantes de adornos de hueso de Kibera (el barrio marginal más grande de Kenya y África) y otro grupo de fabricantes de estampados de Kwawangari.

    Se pidió que estos grupos suscribieran términos de referencia que garantizan los estándares de producción exigidos por los distribuidores. Las muestras de productos y el cálculo de los costos suscitaron cierta confianza de Max&Co. que después participó en la reunión final para evaluar la calidad de los materiales, definir el calendario de producción y poner en marcha el programa en su conjunto.

    En Nairobi se abrió un centro empresarial que presta la asistencia técnica que las comunidades necesitan a diario. Este último se creó en colaboración con una empresa local que trabaja con muchas comunidades y tiene experiencia en redes de negocios bien establecidas. A diferencia de los anteriores, este proyecto no conllevó la participación de ningún organismo especializado de las Naciones Unidas y tampoco requirió una nueva estructura organizacional ni inversión en activos fijos. Además, la misión del centro corresponde exactamente a la del proyecto.

    La estructura se está formalizando en un fideicomiso que cuenta con apoyo del Gobierno de Kenya que se propone incorporar a más comunidades e invierte en el proyecto proporcionando instalaciones más grandes y otras formas de apoyo en especies.

    Claudio Moggi, Director de Producción de Manifatture del Nord (que forma parte del Grupo Max Mara) visitó Kenya en el marco del proceso de asesoría técnica sobre algunos elementos clave. El centro empresarial, en colaboración con Max&Co. y el ITC, trabajó para sortear uno de los principales obstáculos relacionado con la disponibilidad de crédito. Había que comprar por adelantado los materiales necesarios y pagar los jornales de los integrantes de las comunidades.

    El Grupo Max Mara solventó esa dificultad financiera adelantando el 70 por ciento de la suma y pagando el 30 por ciento restante tras la entrega y el control de calidad. Este último superó el nivel exigido, pues la tasa de no conformidad de los productos fue inferior al 2 por ciento.

    Luisa Laudi comentó que el resultado obtenido en términos de calidad por grupos de barrios marginales que operan en la economía informal superó el de muchas estructuras empresariales de la economía formal de otras partes del mundo.

    Ahora bien, ¿cuál era el verdadero impacto en las comunidades? Se reconoció que tenía un impacto económico, ya que los márgenes pagados sobre los artículos de moda redundaban en jornales mucho más altos que aquellos recomendados por Fairtrade, es decir, 250 chelines kenianos ($EE.UU. 3). Los trabajadores ganan entre 400 y 800 chelines kenianos. Además, algunos participantes tuvieron la posibilidad de invertir en la empresa Bidii Shoemakers para contribuir a su desarrollo y otros decidieron invertir en saneamiento y mejoras de la infraestructura física o pagar la escolaridad y el seguro de salud de sus hijos.

    Desde el punto de vista del mercado, la colección se envió a tiendas y se vendió bien. Max&Co. decidió usarla para inaugurar su nueva tienda bandera en Berlín, evento que fue ampliamente cubierto por la prensa local. La experiencia de Max&Co. tuvo tal repercusión que se publicaron artículos en TIME y Vanity Fair, así como en numerosos periódicos y revistas de Italia.

    Actualmente se prepara la segunda colección de Max&Co. que, una vez más, se basa en accesorios de moda. También una vez más, se trata de una oportunidad que ha ido evolucionado dentro y fuera de comunidades africanas y que ayudará a mejorar el nivel de vida de personas desfavorecidas. Ahora, el objetivo es incorporar a más personas y más comunidades.