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    Comerciar en tiempos revueltos

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 3-4/2008

    Teñido anudado en la RDC© WWI

    Cuando sobreviene un desastre, habitualmente incumbe a las mujeres reconstruir los medios de subsistencia. Para muchas, crear empresas en zonas de conflicto armado es una realidad comercial. Actualmente, un grupo de mujeres con experiencia internacional propone innovadores modelos de negocio que fomentan nuevas competencias, abren nuevos mercados y aportan esperanza a congéneres desplazadas por la guerra.




    Según el Comité Internacional de Rescate, hay 35 millones de personas desplazadas en 24 países. La mayoría tuvo que huir de su hogar y abandonar su trabajo debido a desastres como la sequía o las inundaciones costeras. Millares recibieron una indemnización irrisoria por sus viviendas que fueron arrasadas para construir represas, aeropuertos, carreteras y otros proyectos de desarrollo. Y las tareas más urgentes de reconstrucción de la vida cotidiana en zonas devastadas, como alimentar a la familia, lavar la ropa, comprar artículos de primera necesidad y generar ingresos, suelen recaer en las mujeres.

    La pobreza y la grave escasez de medios de generación de ingresos obligan a muchas desplazadas a ejercer oficios degradantes como la prostitución y diversos tráficos. En los campamentos para desplazados de Uganda, por ejemplo, muchas niñas y mujeres aceptan mantener "relaciones sexuales de supervivencia" a cambio de alimentos o "relaciones sexuales transaccionales" a cambio de dinero de bolsillo o pequeños objetos. Estas mujeres no tienen posibilidad alguna de instruirse, ejercer una actividad comercial o desarrollar el respeto de sí mismas.

    Salir adelante con ayuda, formación y financiación efectivas



    "Mucho se habla de la situación en los frentes de guerra", dice Rania Atalla, Directora Ejecutiva para Estados Unidos de la organización Women for Women International (WWI), con sede en Washington D.C. "Tenemos que prestar más atención a la reconstrucción de la paz en la retaguardia." Mediante ayuda directa, formación profesional y microcrédito, la WWI respalda a las mujeres para que se recuperen de los estragos de la guerra y lleguen a ser ciudadanas activas. La Sra. Atalla, que fue directora de comunicaciones del Rey Abdalá de Jordania, considera que las mujeres son la piedra angular de las nuevas economías.

    "Durante los conflictos, las mujeres son un factor de unidad y cohesión que impide el colapso de las familias y la comunidad. Su capacidad de resistencia les permite alimentar a sus hijos y enviarlos a la escuela, incluso si tienen que aventurarse fuera de su hogar para garantizar la supervivencia de los suyos. Esa misma capacidad es muy eficaz a la hora de contribuir al esfuerzo de reconstrucción de las economías tras los conflictos armados", añade.



    "En el contexto de violencia y sufrimiento de los conflictos surgen la necesidad y la oportunidad de que las mujeres se conviertan en ciudadanas activas y rompan el cerco de sus funciones tradicionales. Lo hemos visto en Rwanda, donde el genocidio dejó al país con menos hombres que mujeres y, hoy en día, ellas representan casi la mitad de los parlamentarios. Las mujeres pueden ser artífices fundamentales de la reconstrucción económica después de los conflictos armados, pues tienden a invertir sus ganancias en la comunidad y buscan la estabilidad", concluye



    Nuevas competencias para reactivar economías locales

    Desde 1993, la WWI viene apoyando a las mujeres víctimas de la guerra en Afganistán, Bosnia y Herzegovina, Colombia, República Democrática del Congo, Iraq, Kosovo, Nigeria, Rwanda y Sudán. Concretamente, asistió a más de 120.000 mujeres, distribuyó más de US$ 33 millones en ayudas directas y microcréditos, y respaldó a miles más para que abrieran pequeñas empresas.

    En Burundi y Tanzanía se imparten formación empresarial básica y en técnicas de comercialización, así como cursos de alfabetización en 13 centros de capacitación de la WWI. "La mujer que aprende a leer y escribir puede abrir su propio negocio y, a su vez, alfabetizar a sus hijos. Nuestra oferta de capacitación abarca técnicas que van del teñido anudado a la agricultura comercial, y se basa en detallados estudios de mercado de los países donde trabajamos. Una de nuestras metas es vincular las actividades generadoras de ingresos de las mujeres con los mercados locales, es decir, la producción con la comercialización. Citemos como ejemplo la iniciativa de agricultura comercial integrada que se lleva a cabo en Rwanda y Sudán. El enfoque es muy innovador, ya que no sólo comprende los ingresos y la seguridad alimentaria, también tiene un fuerte componente de comercialización. Además de procurarse alimentos para sus familias, las mujeres venden sus productos a compradores mayoristas, restaurantes y hoteles locales.

    Creemos que programas como éste tendrán un efecto positivo en el comercio local y regional. Las mujeres están a la vanguardia, como se puede comprobar cada día en la región de los Grandes Lagos. Las mujeres de la zona oriental del Congo cruzan la frontera de Rwanda para comprar y vender mercancías, a pesar de la tensa relación entre esos países. El apoyo a este tipo de actividades transfronterizas contribuirá, en definitiva, al bienestar y la coexistencia pacífica de comunidades y sociedades enteras", señala la Sra. Atalla.

    Según un estudio reciente sobre 41 países, las mujeres representan el 36% de los empresarios. El porcentaje de empresarias en la población va del 2% en Japón al 18% en Tailandia. Se trata de una tendencia interesante que muchos tratan de aprovechar.

    Crear empresas para contribuir a la recuperación



    La Sra. Amber Chand, de origen ugandés y estadounidense, aporta un granito de arena a la reincorporación al trabajo de mujeres afectadas por la guerra que se proponen iniciar una actividad propia. En su tienda de regalos en línea, Amber Chand Collection, con sede en Estados Unidos (www.amberchand.com), vende artesanías fabricadas en algunas de las regiones más asoladas por la guerra.

    Actualmente, la Sra. Chand trabaja en estrecha colaboración con las mujeres de un gran campamento de refugiados de Darfur, región de Sudán sudoccidental, devastada por la guerra. Estas mujeres, muchas de las cuales se están recuperando de ataques de las milicias, fabrican cestas tejidas a mano para exportación. "Estoy muy orgullosa del proyecto de Darfur porque se lleva a cabo en un campamento de refugiados y las mujeres ya fabricaron más de 600 cestas", comenta.

    La organización Darfur Peace and Development estableció un centro de atención de mujeres violadas que necesitan apoyo, asesoramiento y educación. "En esta perspectiva, propuse que mientras se iban recuperando del trauma, confeccionaran cestas. Ese es un medio idóneo de que recuperen cierto control de su vida y ganen algo de dinero. Actualmente, 50 mujeres crean cestas para nuestra colección de regalos", añade.



    La motivación de la Sra. Chand nació de hechos ocurridos en 1972, cuando el dictador Idi Amin obligó a su familia a abandonar Uganda. "Esa experiencia me marcó profundamente. Cuando años más tarde, en 1989, tuve la oportunidad de usar mis habilidades empresariales para ayudar a otras personas, decidí ocuparme de mujeres en zonas de conflicto armado. Estas artesanías se han convertido en poderosos símbolos culturales. Estamos trabajando en Afganistán, Camboya, Colombia, Etiopía, Guatemala, India, Iraq, Jordania, Myanmar, Rwanda, Sudán y Viet Nam."



    Un mensaje de esperanza

    La Amber Chand Collection se creó hace tres años. Las velas israelo-palestinas (su producto emblemático) son fabricadas por mujeres de las partes en el largo conflicto de Oriente Medio. "Tiendo a trabajar en zonas de conflicto armado que son inseguras y frágiles, así como en países un poco más estables, una vez terminadas las hostilidades. Me interesa encontrar estímulos a la micro-empresa en dichas zonas."

    La Sra. Chand colabora con ONG y otras organizaciones sin ánimo de lucro, por lo cual, dispone de una buena red de expertos con contactos en cada región que perciben módicos honorarios de 5% por su trabajo administrativo; el 20%-25% del total de los ingresos de la empresa se destina a las artesanas.

    "Operamos en condiciones de complejidad logística y fragilidad de la economía, pero no tenemos tantas dificultades como se imaginan muchos empresarios. Quiero ayudar a las mujeres a dar rienda suelta a su instinto empresarial y desarrollar un mecanismo que simplifique sus transacciones. En lugar de inspirarnos en un modelo de caridad o asistencia, optamos por un modelo de negocio", señala.



    La Sra. Chand quisiera que las empresas se comprometieran y actuaran en forma compasiva y humanitaria, pero también responsable desde el punto de vista fiscal. "Tenemos que invertir en la zona. En este momento experimentamos una extraordinaria sensación de colapso y la gente se pregunta quiénes somos y qué hacemos. Estamos cuestionando la codicia, los excesos y las metas cortoplacistas. La implosión es generalizada. Hay que crear relaciones de confianza, afirmadas en valores", opina.

    "A veces, las ONG temen participar en exceso en el negocio de hacer negocios. Me encantaría que las ONG pudieran decirse: '¡Ah, tiene un plazo. Apuremos el paso para cumplirlo!' y que reconocieran que tengo plazos que respetar y productos que despachar a tiempo. Me gustaría que supieran responder a esos imperativos.

    En cuanto a los gobiernos, quisiera que aplicaran menos impuestos y aranceles a los artesanos. Ninguna de las personas con quienes trabajo tiene que pagar impuestos prohibitivos, pero éstos existen. Quisiera que los gobiernos fueran más favorables a las actividades empresariales y las fomentaran. Los gobiernos tienen que crear asociaciones y empresas, sensibilizar y educar más.

    Tenemos que crear modelos que apoyen a todos los actores en aras del bien común. Debería instaurarse la participación en las ganancias para que los artesanos se beneficiaran y no fueran explotados", concluye

    Proyectos como éstos ilustran el potencial del comercio para labrarse una vida mejor y fortalecer a las comunidades. Con determinación y perseverancia extraordinarias, estas mujeres están resistiendo a los peores conflictos y conquistando oportunidades, el respeto de sí mismas y un modelo sostenible para la empresa del futuro en los países en desarrollo.