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    Ayuda para el comercio: Un mayor alcance

     

     
     
    © Centro de Comercio Internacional, Forum de Comercio Internacional - No. 4/2006

    © Ministerio de Asuntos Exteriores, Suecia

    El Equipo de Trabajo de Ayuda para el Comercio recomienda ir más allá de la política de comercio a la hora de abordar lo que hace falta para mejorar el desempeño comercial de un país.

    P: ¿La iniciativa de Ayuda para el comercio es válida para los países en desarrollo?

    R: Desde el punto de vista del desarrollo -que es mi telón de fondo- la ayuda para el comercio es fundamental. Para algunos países, el acceso a los mercados no es suficiente y necesitan un respaldo paralelo. Un logro importante del equipo de trabajo reside en que, ahora, la comunidad internacional acepta que algunos países no puedan ser verdaderos actores en el escenario comercial si carecen de carreteras para llevar las mercancías hasta los puertos, laboratorios adecuados, etc.

    Además, incorporarse al comercio conforme a las normas de la OMC puede acarrear costos a corto plazo. Algunos estudios muestran que sin ayuda para adaptarse a los mercados abiertos y las nuevas normas, unos cuantos países corren el riesgo de convertirse en perdedores netos a corto plazo.

    P: ¿Hay un replanteamiento de la Ayuda para el Comercio?

    R: Los debates del Equipo de Trabajo contribuyeron a sensibilizar y conectar a quienes toman decisiones en distintos círculos. En aquellos de desarrollo, gana terreno la idea de que el comercio puede ser una herramienta muy útil y que donantes y organismos internacionales deben hacer más por vincular la ayuda para el desarrollo con el comercio. Al respecto, el CCI tiene gran experiencia. Además de financiar la educación o la salud, los organismos de desarrollo tienen que invertir en capacitación productiva. Ahora, los organismos comerciales son más conscientes de que algunos países necesitan ayuda para aprovechar oportunidades y cumplir compromisos.

    La Ayuda para el Comercio es un modo de conjugar decisiones políticas de comercio y desarrollo, aumentando el resultado potencial del desarrollo, verdadero ejemplo del efecto benéfico que surte una mayor coherencia. Al respecto, hace falta una mentalidad más abierta. Se solía hacer hincapié en el respaldo a la política comercial; ahora, se sabe que la capacidad de oferta y las cuestiones de infraestructura y ajuste son igualmente importantes.

    P: ¿Cómo nació el equipo de trabajo?

    R: En mayo de 2005, representantes de las secretarías del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI) nos pidieron a Valentine Rugwabiza, por entonces Embajadora de Rwanda ante la OMC, y a mí que iniciáramos un proceso informal en Ginebra para aportar ideas sobre la manera en que el Banco y el FMI podrían hacer más respecto a la ayuda para el comercio. Creamos un grupo de donantes y destinatarios, organizamos debates informales y, en julio de 2005, remitimos nuestras ideas a ambas secretarías. El interés por esas cuestiones se mantuvo vivo en el contexto de Ginebra.

    En la Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Hong Kong, en diciembre de 2005, se pidió a Pascal Lamy, Director General de la OMC, que creara un Equipo de Trabajo para estudiar cómo instrumentar la iniciativa de Ayuda para el Comercio. También se le pidió que celebrara consultas sobre la cuestión de los mecanismos de financiación. El Equipo de Trabajo se creó en febrero de 2006 y, tras una intensa labor, en julio de 2006, dentro del plazo de seis meses que nos habían acordado los ministros de comercio, presentamos nuestro informe que generó un amplio consenso.

    P: ¿Quiénes integraron el Equipo de Trabajo?

    R: Los Embajadores de Barbados, Brasil, Canadá, China, Colombia, Estados Unidos, Japón, India, Tailandia y la Unión Europea, así como los coordinadores del Grupo África-Caribe-Pacífico (Mauricio), el Grupo Africano (Zambia), y el Grupo de los Países Menos Adelantados (PMA, Benin). A todos los integrantes del equipo se les pidió que sus embajadores ante la OMC fueran secundados por un experto en cooperación para el desarrollo, entonces, los embajadores comerciales se pusieran en contacto con expertos en desarrollo de la respectiva administración. Huelga decir que los embajadores de los países en desarrollo también aportaron su perspectiva y pericia personales en materia de desarrollo.

    Se me pidió que presidiera el Equipo de Trabajo a título personal. Fue una experiencia enriquecedora para todos. Me impresionaron mucho los aportes y el compromiso personal de los miembros. Los embajadores acudieron personalmente, muy bien preparados, y fuimos avanzando. Se celebraron múltiples consultas con otros miembros de la OMC, organismos de desarrollo, grupos de expertos y demás partes interesadas.

    Ejemplo de nuestra interacción con interlocutores importantes fue la preparación del cuestionario que remitimos a los organismos. En algunos casos, tal como ocurrió en el CCI, generó mayor conciencia y un debate sobre la mejor manera en que la organización podía levantar los retos de ayudar al comercio para que obrara en favor del desarrollo. Recibimos respuestas de todo el mundo: el Banco Mundial, el FMI, bancos regionales de desarrollo, la UNCTAD, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial, miembros del grupo de trabajo, organizaciones no gubernamentales, el Comité de Asistencia para el Desarrollo de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos y muchos más.

    P: ¿De cuánto dinero dispone la iniciativa de Ayuda para el Comercio?

    R: En Hong Kong, Japón anunció que en un trienio destinaría al comercio, la producción y la infraestructura de distribución US$ 10.000 millones de su asistencia para el desarrollo; Estados Unidos ofreció ayudas por una cuantía anual de US$ 2.700 millones hasta 2010 y la Unión Europea, €2.000 millones al año para el mismo período.

    Tengo entendido que en las consultas con Pascal Lamy, todos reconfirmaron esas promesas.

    Creo que existe una verdadera voluntad de aumentar la financiación de la Ayuda para el Comercio, pero ésta debe basarse en la demanda. Gastar más dinero de manera aislada no sirve. El gasto debe obedecer al criterio del país en cuestión y reflejar los puntos de vista de las partes interesadas a escala nacional.

    P: ¿Cuál es el alcance de esa iniciativa?

    R: En lo que se refiere a poner en práctica la iniciativa Ayuda para el Comercio, el informe del Equipo de Trabajo contiene recomendaciones para todos.

    Los destinatarios deben mostrar voluntad política de incorporar el comercio en las estrategias de desarrollo. En el plano nacional, es importante construir sobre lo que ya existe. Los PMA deberían identificar las necesidades comerciales y, a través del Marco Integrado (MI), sugerir prioridades a los socios en el desarrollo. En los documentos de estrategia de reducción de la pobreza se puede ir más lejos en lo que se refiere a incorporar las necesidades comerciales. También es importante celebrar amplias consultas con el sector privado, la sociedad civil y los organismos gubernamentales que corresponda.

    En muchos casos, y hasta la fecha, en las estrategias de reducción de la pobreza no se ha dado un lugar suficientemente grande al comercio. Uno de los motivos es que los representantes oficiales de esos países carecían de la capacidad necesaria para hacer ese tipo de análisis, y otro, que los donantes poco saben del poder de generar empleo que tienen los pequeños proyectos de desarrollo del comercio.

    Además, es preciso que los donantes coordinen su enfoque. Por ejemplo, los PMA deberían servirse del MI para detectar las esferas que necesitan apoyo y respaldar esfuerzos para elaborar proyectos y programas susceptibles de ser financiados.

    Recomendamos que los donantes reforzaran su pericia comercial, tanto en el terreno como en la sede central.

    Es importante que haya una perspectiva regional. No es fácil obtener una financiación regional, porque en muchos casos, sólo los países pueden recibir préstamos, las regiones no. Ahora bien, algunas limitaciones son transfronterizas por naturaleza y las soluciones regionales pueden ser la mejor vía de mejorar el comercio. Por ejemplo, los laboratorios fitosanitarios que hacen controles de calidad pueden organizarse mejor a escala regional. Tal vez sea preciso que las carreteras tengan que atravesar varios países africanos para llegar a los puertos.

    Afirmamos que en estos programas habrá que tener plenamente en cuenta las consideraciones de género. Creo que eso es primordial en cualquier documento importante de la OMC.

    Todo esto reviste importancia porque así, se puede dar seguimiento a las acciones y supervisarlas.

    P: ¿Dónde se inserta el sector empresarial en este cuadro?

    R: Para ser eficiente, la coordinación nacional ha de incluir al sector privado. En muchos casos, las empresas son las mejores fuentes para identificar los puntos fuertes y los puntos débiles de las economías, así como los retos concretos que se plantean al sector comercial. No sólo las asociaciones de empresarios, sino las propias empresas, incluidas las multinacionales, deberían conectarse con el gobierno.

    Las empresas pueden desempeñar un papel importante en la realización de proyectos. Subrayamos que hay que "usar la capacidad local".

    En cuanto a la supervisión y la evaluación, el sector privado debería tener la oportunidad de informar sobre sus aportes a la Ayuda para el Comercio.

    P: ¿Cómo saber si vamos por buen camino?

    R: Los países en desarrollo tienen que recabar datos para evaluar el impacto de la globalización y fijar prioridades en cuanto a la cooperación para el desarrollo. Muchos de esos países carecen de la capacidad o el personal necesarios para hacer ese tipo de estudios, a partir de los recursos existentes; entonces, para hacerlos, necesitarán que se les dé una mano mediante la ayuda para el comercio. También es preciso que estos países compartan sus mejores prácticas y experiencias. La recolección de datos requiere inversión; sin ella, los economistas pueden asesorar erróneamente, los proyectos conllevar intervenciones equivocadas... y el comercio dejar de favorecer el desarrollo.

    La supervisión y la evaluación son fundamentales para cimentar la confianza. La OMC puede cumplir una importante función de supervisión. Recomendamos que, a intervalos regulares, un órgano de seguimiento de la OMC proceda a una revisión global de la iniciativa de Ayuda para el Comercio, basándose en informes de varias fuentes que luego podrían compararse con los análisis y las prioridades anteriores. Un debate anual en la OMC nos permitiría encontrar lagunas, analizar soluciones y ejercer presión, todos eso mostraría lo que funciona y lo que no.

    P: ¿Qué llevó a ese cambio de mentalidad?

    R: La actual ronda de negociaciones comerciales es el Programa de Doha para el Desarrollo. Nosotros le pusimos ese nombre que ha dado energía a investigadores y organizaciones no gubernamentales para examinar aspectos del desarrollo relacionados con el comercio. Además de la investigación, muchos documentos políticos tales como el informe de la Comisión Blair para África (2005), los documentos de referencia del informe sobre Bienes Públicos Globales (2006) y la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas celebrada en 2005.


    Mia Horn, economista y diplomática sueca, presidió el Equipo de Trabajo de Ayuda para el Comercio de la OMC que hizo sus recomendaciones en julio de 2006.

     
    Natalie Domeisen, Redactora Jefa, y Peter Hulm, Redactor Adjunto, deForum de Comercio hablaron con ella sobre los fundamentos y el alcance de la Ayuda para el Comercio.