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    100% Ayuda para el Comercio

     

     
     
    Forum de Comercio Internacional - No. 2/2009 
     

    © Event Fotografen /R. Hausmann 

    Patricia Francis, Directora ejecutiva del itc, habla con franqueza de la Ayuda para el comercio, las oportunidades en esta crisis financiera y el papel del ITC.

    FC: ¿En qué consiste exactamente la Ayuda para el Comercio? 

    PF: A lo largo de años hemos visto muchos intentos de ayuda para el comercio. En varios países hubo muchas intervenciones en las que se hablaba de impartir capacitación productiva, examinar el entorno empresarial y ayudar a los empresarios a conectarse con los mercados. Pero eran pocos los países donde se podía ver claramente un vínculo coherente entre objetivos de desarrollo y comercio.

    En la Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Hong Kong en 2005, se decidió centrarse en la relación entre comercio y desarrollo, lo que convergió en torno al concepto de Ayuda para el Comercio. La idea es lograr el consenso de los ministros de finanzas, desarrollo y comercio en cuanto a las prioridades que más contribuirán al desarrollo.

    FC: ¿Entonces la Ayuda para el Comercio y la ayuda para el desarrollo no son lo mismo? 

    PF: Yo veo la Ayuda para el Comercio como un cimiento, un elemento del desarrollo.

    FC: ¿El ITC está a la vanguardia del impulso a la Ayuda para el Comercio?

    PF: Sí, por supuesto. Nos consideramos 100% Ayuda para el Comercio. Esta iniciativa tiene cinco pilares: política comercial y reglamentación del comercio; desarrollo del comercio; fortalecimiento de la capacidad productiva, ajuste relacionado con el comercio e infraestructura relacionada con el comercio. Y tres de esos pilares están relacionados con tres objetivos estratégicos del ITC.

    Somos uno de los actores que propulsa la Ayuda para el Comercio porque creemos que puede tener un impacto real. Estamos buscando la forma de transformar verdaderamente esta iniciativa en oportunidades para el sector privado, beneficios para las comunidades y opciones para las mujeres en el terreno, algo que también considero críticamente importante.

    FC: En los primeros cuatro años desde que se convirtiera en estrategia concreta, ¿qué tal le fue a la Ayuda para el Comercio?

    PF: Creció y, de hecho, es bueno ver que los flujos de ayuda aumentaron un 20 por ciento desde 2005.

    FC: ¿Y ese ritmo de crecimiento se mantuvo en los últimos 18 meses, después que comenzara la recesión? 

    PF: No se detuvo del todo. Aunque no fue el mismo, tampoco se paralizó, lo que es una noticia muy buena y alentadora. Recuerden que en la reunión del G-20 de comienzos de este año en Londres se hizo un nuevo llamado a asegurar que la Ayuda para el Comercio no disminuyera. De hecho, se contrajo el compromiso de aportar $EE.UU. 250.000 millones a la financiación del comercio, lo que tuvo mucha importancia.

    FC: ¿Cómo puede prestar Ayuda para el Comercio el ITC? 

    PF: Por ejemplo, en medio de esta crisis, el Gobierno de Uruguay decidió que una de las cosas más importantes que podían hacer era comprender mejor los mercados. Estuvimos trabajando con ellos para establecer un sistema de inteligencia comercial, algo que en los países desarrollados podría darse por sentado, pero no muchos países en desarrollo disponen de ese sistema. En el pasado, los servicios diplomáticos de los países en desarrollo eran exclusivamente políticos y no estaban relacionados en absoluto con el comercio. Lo que estamos haciendo con Uruguay es impartir capacitación en el servicio de asuntos extranjeros para que los funcionarios comprendan los mercados y puedan hacer la labor de comisionados de comercio.

    Es asombrosa la diferencia que conocer los matices del mercado puede aportar: reconocer la dirección que toma y las oportunidades que existen; saber por qué los competidores venden y uno no y por qué consiguen mejores precios, para luego poder tomar decisiones y actuar con conocimiento de causa. Sobre todo, en este preciso momento.

    FC: ¿Cuáles son los retos concretos que se plantean en "este preciso momento"?

    PF: Los impactos varían de un país a otro. Acabo de regresar de Camboya donde 90.000 trabajadores del sector del vestido fueron despedidos; las mujeres representan el 80 por ciento de esa cifra. Ya se pueden imaginar, lo que esto significa en términos de multiplicador de la economía en un país menos adelantado.

    Puesto que la economía no está muy diversificada y las exportaciones se concentran en ese sector, el derrumbe de la demanda tuvo un impacto masivo en toda la sociedad. No sólo disminuyeron los ingresos extranjeros, también se plantea el enorme problema del desempleo y la gente está regresando a las zonas rurales. Así que ahora habría que preguntar, ¿cuáles son las opciones políticas? Esta crisis está centrando las mentes de los gobiernos en las opciones políticas que tienen y en aquellas que deberían poner el énfasis en sus economías.

    Y la pregunta siguiente es, ¿qué significa desarrollo en favor de los pobres cuando uno es oriundo de un país menos adelantado? Eso es lo que estamos estudiando muy, muy de cerca en lo que se refiere al tipo de asesoría que estamos dando en materia de estrategias de exportación. ¿Cuáles son sus opciones en favor de los pobres? ¿Cuáles son sus metas de desarrollo de los pobres? ¿Cómo manejan la inversión extrajera directa? ¿Qué mezcla les ayudaría a reducir al mínimo el riesgo? Por lo tanto, todo eso tiene que ver con la política y la forma en que se aplica.

    FC: ¿Qué puede decirnos de la facilitación del comercio? ¿Cada país debería abordarla ya mismo?

    PF: Por supuesto. Cuando se examina la competitividad, la facilitación del comercio y el entorno empresarial son los dos elementos en los que se debe trabajar en este preciso momento.

    Si se examinan los datos publicados por el Banco Mundial, se constata que en toda la producción, el costo por unidad en África es más o menos igual al de Asia. Pero el costo de transporte al mercado es un 20 ó 30 por ciento más alto. Cuando se vende en un determinado segmento del mercado frente a empresas de países donde el entorno empresarial propicia las exportaciones y la facilitación del comercio funciona, es casi imposible competir solamente con el precio. Así pues, sería importante que en cada país se establecieran procedimientos administrativos que contribuyeran a la competitividad comercial.

    Eso requiere un esfuerzo de los gobiernos y el sector privado. En muchos casos, uno se encuentra con que el Banco Mundial vendrá y apoyará la modernización de las aduanas e infraestructura pesada como las carreteras. Pero también es necesario optimizar la infraestructura liviana de los expedidores de carga, los corredores de aduanas y los agentes marítimos. Entonces, para que un país sea competitivo hay que abordar las necesidades de toda la cadena de suministro y eso es aún más crítico para los países sin salida al mar.

    FC: ¿En qué países es más probable que se capitalicen las oportunidades que ofrece la crisis?

    PF: Obviamente en aquellos familiarizados con asuntos de competitividad y microcompetitividad que se aferrarán a sus posiciones en el mercado y, ahora mismo, eso es de cuanto se trata. Y para aquellos que tengan liquidez y la posibilidad de aumentar su participación en el mercado, este es el momento.

    También es importante que los gobiernos encuentren ahora la forma de mantener cierto nivel de liquidez en su ruedo de financiación del comercio. La financiación del comercio procedente de los compradores se agotó, por los cual, es importante que los gobiernos proporcionen un nivel de liquidez que permita a sus empresas vender en los mercados todavía activos.

    Y también mantener una presencia en el mercado. Si uno tiene capacidad y recursos para actuar en el mercado, ahora conviene que lo haga porque eso le beneficiará más adelante.

    FC: ¿Y cuáles son las formas más importantes de ayuda que puede prestar el ITC? 

    PF: Estamos centrados en la competitividad de las exportaciones, en los mecanismos internos de las empresas. Es decir, allí dónde, y cuando, las empresas pueden apretarse el cinturón y ser más inteligentes en lo que se refiere a su funcionamiento.

    Disponemos de datos e información comerciales de los cuales las empresas se pueden servir y tenemos la capacidad de hacer análisis específicos de distintos mercados para los países. El acceso a la información oportuna es una pieza importante del rompecabezas.

    También contamos con capacidades esenciales de gestión de la cadena de suministro. En una conferencia reciente, BP nos dijo que gracias a nuestros cursos habían logrado reducir en un 30 por ciento el costo de hacer negocios en América Latina, simplemente por haber mejorado mucho la eficiencia de su cadena de suministro.

    La adaptación del producto es otro rubro en el que podemos ayudar. Por ejemplo, si alguien vende especias, ¿las vende como ingrediente, producto listo para comer o aplicar, o como parte de una comida? Elegir un producto y examinar las oportunidades es importante. También añade valor preguntarse qué hacer con el producto en cuestión ¿Llevarlo al mercado más fresco, modificarlo para que sea más interesante en el mercado, cambiar el envase o hacer que sea más atractivo para el cliente? Es en esas cosas que el ITC puede ayudar verdaderamente.

    Y, desde luego, en el plano político, ayudar a los gobiernos a comprender lo que atraviesan las empresas y, actualmente, mantener ese diálogo público-privado es fundamental para hacer bajar la temperatura y tomar decisiones colectivamente acerca de dónde vamos a gastar los pocos dólares que tenemos.

    Esa es una de las grandes fuerzas del ITC. En la vida siempre hay que elegir, pero en este preciso momento resulta muy difícil hacerlo, visto las opciones que existen.

    FC: Eso es lo que hace el ITC ahora, pero ¿cómo desarrollar su rol y su utilidad?

    PF: En lo que a mí respecta, espero que podamos acercar cada vez más el ITC a nuestras agrupaciones clientes, ayudar a las organizaciones a centrarse e integrarse y ofrecerles soluciones.

    Nos encaminamos hacia una organización más centrada en el cliente y estamos introduciendo un nivel de flexibilidad que nos permitirá responder con mayor agilidad a un entorno cambiante. Gracias a ello, podremos entender mejor a nuestros clientes y prestar un servicio de máxima calidad asociándonos con personas que puedan ayudarnos a garantizar que estamos dejando una verdadera huella en los países en desarrollo. Porque no es cuestión de que una organización con sede en Ginebra goce de buena reputación porque produce dos o tres cosas sino porque tiene impacto en el terreno.

    FC: ¿El ITC se interesa por las cifras o la gente?

    PF: Totalmente por la gente. Se trata de aportar mejoras en la vida de la gente. Si conseguimos hacerlo de forma sostenible, e impartimos capacidades que se puedan multiplicar y desarrollar, esa será la marca de nuestro éxito.

    FC: ¿Es esa su fuente de inspiración?

    PF: El deseo de los pueblos de obrar por el cambio es lo que me inspira realmente. Uno sale y conoce personas dedicadas y empeñadas en mejorar la vida de su comunidad o de los miembros de su organización y eso es lo que hace que se siga adelante. Uno encuentra un montón de personas que quieren hacerlo mejor y debido a su acceso limitado no logran todo lo que podrían si tuvieran mayores niveles de acceso. Y eso es lo que nosotros ponemos sobre la mesa: el acceso.

    FC: ¿Puede darnos algunos ejemplos de prácticas óptimas en el terreno?

    PF: Siempre es interesante y edificante trabajar con gente del extremo inferior del espectro económico y ver su vida transformada porque pueden mandar los hijos a la escuela y llevar una vida mucho más estable.

    En lo que se refiere al otro extremo del espectro, recientemente, acogimos a más de 100 abogados de 51 países que se ofrecieron voluntariamente a venir al ITC a trabajar en derecho mercantil y contratos modelo que apoyen a empresas de países en desarrollo para que no tengan que contratar servicios jurídicos a la hora de redactar contratos. En todo el mundo, esos contratos serán invalorables.

    Lo mismo sucede con nuestras redes relacionadas con la gestión de la cadena de suministro que son una muestra del nivel de compromiso de esa gente para asegurar que la labor del ITC sea idónea.

    De ahí que las sorprendentes asociaciones que hemos ido forjando a lo largo del tiempo sean para mí brotes verdes, porque eso significa que la gente tiene una capacidad y un potencial que pueden funcionar por sí solos, basta un pequeño estímulo del ITC de vez en cuando y, luego, asegurar que vayan por buen camino.

    FC: ¿Cuáles son las ideas más fascinantes que ve surgir?

    PF: Me estimula el hecho de que las empresas que, según resulta, están prosperando en esta crisis sean las únicas que no sólo piensan en sus accionistas, sino también en las demás partes interesadas. No defienden de boquilla la responsabilidad social, sino que la traducen verdaderamente en su vida cotidiana y en su modalidad de funcionamiento. Al tiempo que velan por la rentabilidad de la inversión de sus accionistas, se aseguran que sus productos y servicios sean sostenibles y éticos, que su fuerza de trabajo reciba un trato justo y respetuoso y que considere la impronta que deja en toda la sociedad. Esas son las empresas que, al parecer, están prosperando mucho más.

    Y, por lo tanto, cuando pienso en esta crisis, en lo que nos trajo hasta aquí y en las medidas que se están tomando para sacarnos de esta crisis, me pregunto si no estaremos tan sólo deseando volver a los "buenos viejos tiempos".

    FC: Y ¿qué le dice su instinto?

    PF: Estimo que la mayoría se limita a tratar de reiniciar el sistema sin pensar en cómo funciona la computadora.

    FC: ¿Y, presuntamente, es un error?

    PF: Un error garrafal porque nos lleva de vuelta a donde estábamos. Entonces, esos brotes verdes que la gente se queda mirando, en mi opinión, no llegarán a ser ramas y se marchitarán, a menos que nos replanteemos nuestra forma de actuar. Creo que tenemos que pensar en términos mucho más inclusivos, si nos proponemos hacer esos cambios y lograr que sean sostenibles.

    Está claro que si no empezamos a pensar así -y me refiero tanto al norte como al sur- y si China, India y Brasil expanden su economía ad infinitum, de la misma forma que los países del norte, el calentamiento global nos matará. Tal vez exagere, pero el impacto será enorme.

    Aunque los países en desarrollo no fueron la causa del cambio climático, como tampoco lo fueron de la crisis financiera, todos tenemos un papel que desempeñar en la solución. El crecimiento sin consecuencias no es posible y, por lo tanto, es necesario encontrar una forma de crecer que tome en consideración el desarrollo sostenible a largo plazo.

    Por ende, tenemos que cambiar el modo de pensar. En lo que se refiere al ITC, ciertamente, estamos tratando de darnos a conocer en pueblos con distintos modos de pensar para ver si podemos contribuir a un nuevo modelo de hacer negocios que sea mucho más inclusivo, mucho más sostenible y mucho más responsable desde el punto de vista social y ambiental.

    FC: ¿La suya es una voz minoritaria en Ginebra?

    PF: No lo creo, pero todo el mundo se exprime el cerebro para imaginar cuál será ese modelo del que estamos hablando. En ocasión de la Semana del Comercio del Reino Unido, celebrada recientemente, Douglas Alexander [Secretario de Estado británico de Desarrollo Internacional] pronunció un importante discurso sobre este nuevo modelo inclusivo. Si muchas más personas empiezan a hablar de ese modelo y si comenzamos a destacar el éxito de aquellas empresas que lo están aplicando, pienso que esa es la manera de mostrarle a la gente que hay alternativas.

    Y considero que la gente quiere conocer esas nuevas alternativas, pero no muchos tienen claro cuáles son. Ponerlas sobre la mesa forma parte de nuestra tarea para que a la hora de tomar decisiones se pueda elegir.